Pido disculpas a Thomas Mann, que estará en el cielo, por utilizar el título de su novela, levemente modificado, pero no he encontrado mejor forma de expresar la situación terminal, salvo milagro, que aflige a la serenísima. Tuve ocasión de visitar Venecia recientemente y nadie puede negar la actual belleza de la ciudad. Si se tratara de un collar de piedras preciosas diríamos que sus tres diamantes principales son por este orden el silencio, la presencia del agua y la belleza arquitectónica ...